A new hope: Jabalistreffen 2019

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Pues sí, es una frase tan buena como cualquier otra para comenzar un nuevo blog, no?

Motorcycles have put me in touch with wonderful people.
As a result of that I have an elevated idea about how good everybody in the world is. — From «Why We Ride», 2013.

Es curioso mezclar algo tan diferente como Star Wars y las motos, pero supongo que así soy yo. Por no decir raro.

Mi moto tiene un nombre sacado de Star Wars, y en cierta forma sí que es una «new hope» para mi, una suerte de nuevo comienzo tras una desagradable tormenta que llegó en medio de un tranquilo día soleado y que arrastró consigo casi todo lo que creía acerca de mi vida.

Pero ahí está Mara Jade, mi nueva montura, con la que he tenido un estreno de lujo pudiendo ir a mi lugar favorito del mundo mundial, el Camping Motero de Anzánigo, a celebrar la Jabalistreffen 2019.

Y además, lo he hecho con la maravillosa compañía de mi querida bambina, amiga que se ha preocupado y me ha cuidado muchísimo todos estos meses que he estado mal, y cuya compañía ha sido toda una bendición.

Y como siempre en Anzánigo, conociendo y reencontrando a gente genial.

Uno de los detalles que más especial hace este sitio para mi es el hecho de poder encontrar siempre alguien con quien charlar, intercambiar anéctodas o rutas interesantes, o simplemente bromear tomando una cerveza o Ruavieja en el porche del Red Wagon.

Ya estoy en casa

Es esa sensación la que hace de éste un lugar único: la de saber que siempre eres bienvenido, que serás recibido con una sonrisa y que podrás descansar sabiendo que tanto tú como tu montura estáis por fin «en casa».

 

Pero estoy adelantando acontecimientos.

Primero salí de Barcelona tras hacer la revisión pertinente a Mara, y quedé con la bambina cerca de Jorba. Como ella se retrasó, yo pude disfrutar de ese excelso placer que es el «no tener prisa».

Bebí un refresco, escuché música, leí comics en el tablet… todo ello sin pensar en un sólo instante lo tarde que era o maldecir por tener que esperar.

Una vez llegó la bambina seguimos camino hasta Barbastro, donde paramos a comer tranquilamente. Y ahí entró la decisión… ¿vamos hasta Anzánigo por autovía o dejamos que nos guíe Calimoto?

Y nos guió Calimoto… ¿El resultado?

Pues ya lo veis, una locura de curvas de todo tipo cuando podríamos haber seguido esa línea roja que se ve para llegar por autovía mucho más rápido.

El único cambio que hice a la ruta que proponía fue evitar una carretera de tierra, y a partir de ahí dejé que recalculara.

Gravilla, algún boquete en la carretera, suciedad arrastrada por los tractores… pero aún así una gozada de caminos para disfrutar, una vez más, sin prisa alguna por llegar al destino. La imagen que encabeza este documento fue tomada precísamente en un momento de pausa, para quitarnos algo de ropa térmica porque la temperatura era de 23 grados (sí, en pleno febrero, de locos) y se hacía inaguantable.

Por si a alguno os pica la curiosidad de ver en más detalle, tenéis la ruta completa aquí.

Una vez llegamos al camping, tocaba descargar y relajar. Y esa cerveza que me dio la bienvenida fue suficiente para olvidar todo el polvo del camino, junto con algo de peso emocional que llevaba a mis espaldas.

¿Sabéis esa sensación de llegar a casa y quitarte la mochila? Que notas que tus hombros se relajan, que la tensión en la espalda se va diluyendo poco a poco pero de forma visible… Pues algo así me sucedió al finalmente sentarme en el porche del Red Wagon con mi cerveza Erdinger (la de la foto fue la segunda, ahora que lo pienso).

Todas las tensiones y comidas de cabeza que había ido apartando a un rincón de mi mente durante las últimas semanas/meses, se fueron diluyendo con cada sorbo de cerveza, con cada frase intercambiada con la gente que allí había…

Y hablando de gente, Anzánigo no defrauda.

Gracias Gorka, Enric y Oscar. A Gorka por el reencuentro, y a Enric y Oscar por habernos podido conocer (y hacer planes!).

El sábado comenzó con calma, sin ruidos ni algarabías, pero con energías y ganas de salir en moto (menos alguno que andaba aún durmiendo), así que después de desayunar, nos marchamos para dar una vuelta…. una vuelta que nos llevó haciendo curvas hasta Pamplona!

Y encima llegamos con celebraciones varias por las calles y un día estupendo de temperatura.

Y claro, el calor pedía a gritos un refrigerio adecuado, con lo cual pasamos del turismo al comercio y bebercio.

Pintxos, pintxos, pintxos… Poco comentario hay que hacer de una ciudad como Pamplona en lo que respecta a la comida, y eso que tal como estaban los bares estuvimos un poco limitados para poder elegir sitio (aparte de que hay que reconocer que es bastante molesto el ir cargando chaqueta, casco y demás a todas partes).

Tocaba volver y prepararse para la noche, cena y fiesta de Jabalistreffen, a probar por fin ese estofado de jabalí y disfrutar tomando unas copas con la tranquilidad de que la moto está aparcada.

Y sí, cayeron unas cuantas copas, mucho baile y muchas risas. Ah, y felicidades Gorka por el premio que te llevaste, tío!!

Hice algo más ese sábado noche, junto a la hoguera, pero de eso quizás hable en otra ocasión.

El domingo sí que hubo más ruido, o quizás era la resaca en mi cabeza que magnificaba todo, pero el caso es que nos costó levantarnos y ponernos en marcha.

La vuelta fue más aburrida, como suele serlo cuando uno deja atrás un fin de semana así, pero aún así el rodar acompañado hace que todo camino sea disfrutado.

Tres días, casi mil kilómetros, muchas risas y grandes momentos.

¿Contando todo lo que os he contado, entendéis que me pueda referir a este fin de semana como «a new hope»?

 

2 comentarios sobre “A new hope: Jabalistreffen 2019

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