¿Puedes devolver la vida?

Tiempo de lectura: 5 minutos

¿Puedes devolver la vida?

Entonces no te apresures en dispensar la muerte, pues ni el mayor de los sabios conoce el final de todos los caminos.

Gandalf.

Evidentemente, no se puede devolver la vida. Ni yo, ni nadie podemos hacerlo. Ni siquiera con la ciencia más avanzada podemos devolver una vida que se ha apagado.

Escribo esto en la terraza de un bar mientras espero a mi peque y su madre, tomando un café (descafeinado) a sorbos muy cortos, y no puedo evitar los escalofríos.

Cierto es que en el camino hasta aquí ha bajado bastante la temperatura, y todo apunta que hoy caerá una gran tormenta.

Aún así, estos escalofríos no parecen venir provocados por ninguno de esos motivos, sino que más bien se originan en el interior de mi cabeza.

Nunca he hablado «públicamente» de esto, aunque a alguna gente sí que se lo he ido contando, tanto una cosa como la otra. Pero hace algún tiempo aprendí que la mejor forma de afrentar las cosas suele ser de frente y con valor.

Y ahora tendría que hacer una elípsis temporal, ya que el post lo empecé a escribir hace un par de semanas, y por varias circunstancias lo he dejado en el tintero digital.

No ha sido porque no quisiera escribirlo, sino porque he estado terriblemente liado estos días, de verdad. Aunque reconozco que una y otra vez he vuelto al editor dándole vueltas a cómo enfocarlo, intentando encontrar el ángulo perfecto para afrontar un tema así de complicado.

Quitar una vida

La primera historia sucede, si mal no recuerdo (y no quiero buscar papeles para recordarlo, la verdad) en 2005.

Por aquél entonces yo conducía una Honda CBF-500 negra, mi primera moto «grande», a la que bauticé como Ororo.

Me saqué el carnet en el 2003, y esperé los dos años de rigor para poder conducir una moto sin limitar, y estaba la mar de contento con ella. Sin embargo, para viajar acompañado de la que entonces era mi pareja, vimos que se quedaba un poco corta, y opté por cambiar de moto, por una CBF600S con ABS. Repito: CON ABS.

La CBF500 no tenía ABS, y ese es un elemento que quizás hubiera alterado esta historia.

Vivía en Badalona, y para llegar a mi casa tenía que pasar por un par de calles donde se aparcaban muchas furgonetas de gran tamaño delante de una iglesia Evangélica, lo que limitaba la visión en gran medida. Además, el asfalto en esa calle precisamente estaba bastante maltrecho, con grietas por doquier.

Y en esas circunstancias, con una moto sin ABS, grandes furgonetas aparcadas y mal asfalto, circulaba yo a unos 25-30kms/h cuando de detrás de una de esas furgonetas salió un anciano andando, saltándose el semáforo rojo para peatones.

Yo circulaba por el lado izquierdo, evitando lo peor del asfalto, y en cuanto le vi me aparté como pude (con la poca habilidad de un conductor relativamente novato), pero aún así le rocé. No sé si con el retrovisor, si con mi cuerpo o con la maleta trasera. De hecho no sé siquiera si le llegué a rozar, y es algo que he pensado mil veces desde entonces. Quizás sencillamente se sobresaltó al verme y cayó al suelo.

Como decía, yo esquivé como pude hacia la derecha y acabé tirado por el suelo y la moto a un par de metros de mi (realmente iba muy despacio) y cuando me estiré y me pude levantar, ya tenía gente a mi alrededor preguntando si estaba bien, mientras yo intentaba mirar hacia el señor.

Como supe más tarde, era un señor muy mayor que sufría bastante de demencia, y al que su familia le dejaba pasear por el barrio sin control. Según los vecinos de la zona, era habitual verle deambular, cruzar la calle por cualquier lado y sin mirar.

A mi me apartaron y me hicieron sentar en un portal, mientras llegaba la ambulancia y atendía al señor.

Yo sufrí un poco de contusión, esguince en pie y muñeca… prácticamente nada, pero fue sobre todo el susto, la tensión.

Pero por la noche llegó lo peor, cuando mi pareja me confesó que los técnicos sanitarios le habían informado de que el señor había fallecido al poco de comenzar a atenderle.

Al día siguiente tuve que ir a presentar declaración a la Policía, y viendo mi estado de nervios, el agente quiso tranquilizarme diciéndome que ya habían pasado varios vecinos a testificar a mi favor para dejar claro que yo había conducido adecuadamente y que el semáforo estaba en verde para mi, y lo que os comentaba de que era habitual ver a este señor pasear sin rumbo por el barrio.

Tras esto, pasaron varias semanas en las que fui recibiendo tratamiento tanto médico como psicológico, así como información acerca del estado de la posible denuncia. Denuncia que no llegó porque la familia, viendo las declaraciones de los testigos, asumió que no se me podía culpa de nada.

Vale, es momento de tomar un poco de aire (sí, me he dedicado a releerlo todo) y pensar en el siguiente bloque…

Devolver una vida

Saltamos al año 2015. Con tres compañeros del grupo de moteros de Pallejà decidimos ir a la Isla de Man en la primera semana del TT, que se corresponde con los entrenos y suele estar menos saturada de gente.

El viaje fue bien, exceptuando un par de incidentes mecánicos (falta de gasolina y una moto con problemas de aceite que nos retrasó para llegar a un ferry e hizo que yo tuviera que ir a fondo para conseguir que nos esperase) y llegamos a destino en la madrugada del tercer día tras un infernal viaje en ferry.

Creedme amigos, si los operarios del ferry hacen cara de mareados, es que la cosa está muy jodida…

La casa en la que nos alojamos estaba al final de un camino de gravilla y uno de los días al salir uno de los compañeros salió bastante ofuscado. Camino, giro a la derecha y carretera… Usando el carril derecho.

Supongo que al ver cómo lo he escrito entenderás lo que va a pasar, ¿verdad?

En la Isla de Man se conduce por la izquierda, igual que en Inglaterra.

De hecho, nada más llegar a la isla, es habitual que a todos los moteros le vayan dando pegatinas con una pequeña flecha para pegar en el retrovisor izquierdo y así tener ese recordatorio durante la estancia.

A nosotros, por la fecha en la que llegamos, no nos dieron una.

Yo iba segundo al salir del camino, y los otros dos se habían quedado un poco mas atrás. Al darme cuenta de la situación empecé a pitar y dar golpes de gas, pero como había dicho, este compañero iba bastante ofuscado y no me hizo caso.

Como veía que la situación continuaba, empecé a acelerar, con la mentonera del casco modular levantada y gritando tanto como podía, poniéndome a su lado y sin dejar de tocar el claxon y gesticular.

No sé cuanto tiempo pasó, si diez segundos o dos minutos, pero se me hicieron infernalmente largos, al ver que no hacía caso de mis gestos y seguía sin mirarme y avanzando…

¿Avanzando hacia qué?

Pues concretamente hacia una furgoneta pick-up que en mi mente recuerdo enorme, gigantesca.

Creo que no fueron más de dos segundos los que pasaron entre que se dio cuenta y cambió de carril y el momento en el que la furgoneta pasó rugiendo a su lado a la salida de una curva.

Dos segundos, quizás menos, que hubieran cambiado todo.

Que hubieran hecho que todo se acabase para él posiblemente.

Y por eso, no es exactamente que haya devuelto una vida, como dice el título, pero sí que considero que en cierta forma he equilibrado la balanza, que de alguna manera pesan en positivo todos los besos que esta persona haya dado a su mujer e hijas desde aquel día, toda la gente a la que haya acompañado desde entonces…

La verdad es que ahora es complicado buscar el cierre a este texto, después de hablar de algo así.

Supongo que me conformaré con saber que hay una familia, unos amigos, que a día de hoy pueden seguir teniendo a esa persona en su vida, lo cual basta para hacerme sonreir.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.