Enganchado a lo marrón

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De vez en cuando, algunos moteros nos atrevemos a cambiar lo negro por lo marrón, y aquí os cuento mi experiencia

En el mundo de las motos hay mucha coña con respecto a los usuarios de maxitrail que se mueren de miedo, temblor de piernas incluido, al acercarse a un camino de tierra, o incluso a asfalto un poco roto y limitan su conducción a «lo negro».

La mofa es continua en este sentido, ya que tradicionalmente se han visto muchos casos de «señoros» con maxitrails, especialmente de la marca bávara, que las usan para poco más que ir a trabajar trajeados, y al cabo de tres años las devuelven a concesionario sin apenas uso (para aprovechamiento de los compradores de segunda mano).

Y ojo, que es totalmente respetable, que cada uno hace con su dinero, su moto y su tiempo lo que quiere y puede!

El padre de una ex-pareja que tuve hace años tenía una 1200GS y siempre decía que a él no le gustaban las motos, así que se había comprado esa porque «era lo más parecido a un coche que había». Tardó 6 meses en hacerle el rodaje de los primeros 1.000 kms…

Los hay que harán 15.000kms en los tres años que les dure el Select, y los hay como yo que en menos de ocho meses llevamos ya más de esa cifra.

Hay quien se comprará la moto pensando en la fiabilidad de una gran marca, o incluso en lo cerca que le quede el servicio técnico, y todas las opciones son respetables.

Pero volviendo al tema de «lo marrón», el caso es que yo hace años tuve una enduro que «salió rana». Básicamente el tío que me la vendió la había destrozado completamente, aparte de que le rehizo todo el cableado eléctrico, haciendo que la moto fuera fatal.

Todo eso hizo que le fuera cogiendo manía y la vendiera, incluso cuando al final le encontraron el fallo y la dejaron «bien», yo ya no quería nada más con esa moto.

Quizás por eso me quedó ese gusanillo de atreverme a pisar tierra, asfalto roto, gravilla o barro. Y cuando vi la oportunidad de hacer un curso de iniciación al trail con Isaac Feliu (podéis ver todas las experiencias que ofrecen en su web) no dudé en apuntarme, y además arrastrando a un par de colegas conmigo.

La conducción off-road cambia radicalmente con la de carretera. Desde el punto de apoyo de los pies en la estribera al hecho de que por campo deberías ir siempre (o casi) de pie sobre la moto, el hecho de que se aconseje desactivar ciertas ayudas electrónicas a la conducción tipo ABS y Control de Tracción que en campo entorpecen más que ayudan.

En carretera a veces puedes circular casi en moto piloto automático, dejándote llevar por las curvas, fluyendo de una a otra.

En campo, por contra, debes estar en atención (que no tensión) constante ya que tu cuerpo debe responder en cada momento a las irregularidades del terreno.

Además de para aprender (obviamente), el curso tenía un motivo extra, y es el hecho de que en un par de semanas haré con tres amigos la Transpirenaica por pistas de montaña, y quería tener esa base de conocimientos para enfrentarme a ella.

Tras el curso, que disfrutamos todos enormemente, he salido ya un par de días con la moto a pisar campo, uno de ellos recorriendo el Garraf con visita incluída al monasterio Budista (Sakya Tashi Ling) que allí se encuentra.

Y el remate fue a la vuelta de vacaciones, donde hice la ruta de los Contrabandistas con un grupo de amigos.

Eso sí ha sido una prueba dura, muy dura… y satisfactoria.

Salí de casa a las siete de la mañana y llegué pasadas las diez de la noche, con más de 540kms recorridos.

Se alternaron tramos de asfalto con subidas bastante complicadas (para mi nivel, mis conocimientos, experiencia y mi moto) o incluso el cruce de un pequeño riachuelo, que aunque pequeño fue todo un momentazo de subidón de adrenalina.

Disfrutamos de las vistas y la tranquilidad absoluta del embalse de San Ponç, y saliendo del mismo tuvimos la suerte de ver a un par de cervatillos cruzar el camino.

Llegamos a un pueblo llamado Tor (25 habitantes en 2005) que se precia de ser anterior a la propia Catalunya.

Acompañamos a un riachuelo que descendía risueño mientras nosotros subíamos montaña arriba.

Pasamos, despacio y sin hacer apenas ruido, entre vacas y caballos que pastaban a sus anchas por la montaña.

Visitamos estaciones de esquí vacías, o incluso una torre de comunicaciones a 2.400 metros de altura.

Todo ello, cosas que no podríamos haber hecho de habernos limitado al asfalto.

En definitiva, un gran día en el que disfruté y aprendí muchísimo, acompañado de una gente estupenda y paciente en todo momento (gracias Paco, Santi, Juanjo, Carles y todos los demás).

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Y por último, os dejo con las razones que la gente de Twin Trail da para visitar su escuela de Off-Road (que también son aplicables a hacer off-road en sí) de los cuales yo remarco el número 6. Podéis ver su artículo original en su web, pero aquí tenéis el resumen:

  1. PERFECCIONAR TU TÉCNICA Y HABILIDADES EN CONDUCCIÓN OFF ROAD TE VA A AYUDAR (Y MUCHO)
  2. VAS A DESCUBRIR LO GRATIFICANTE QUE ES SUPERAR OBSTÁCULOS
  3. TE VAS A PONER UN POCO MÁS «FIT»
  4. TE VAS A CONVERTIR EN MEJOR PILOTO
  5. CONDUCIR FUERA DE CARRETERA ES UNA DE LAS COSAS MÁS DIVERTIDAS QUE PUEDES HACER CON TU MOTO TRAIL
  6. A LOS DESTINOS Y PAISAJES MÁS ESPECTACULARES CASI NUNCA SE LLEGA POR CARRETERA
  7. VAS A ESTAR PREPARADO PARA ESOS VIAJES DE AVENTURA QUE TE PROPONES, SIN LOS MIEDOS QUE AHORA TE FRENAN A HACERLO
  8. VAS A SER EL MÁS «MOLÓN» DE TU GRUPO DE AMIGOS

Mi consejo: atreveros a probarlo.

Buscad dónde hacer un curso, empezad con el mismo equipo de moto que tenéis ahora mismo (cambiando botas por caña alta a ser posible, el resto ya llegará si es necesario) y empezad con salidas sencillas, aprendiendo a ir de pie en la moto, a controlar y usar los bloqueos de rueda. No hace falta que os vayáis al fin del mundo, pero seguro que cerca de casa tenéis pistas de tierra por las que empezar a conocer este apasionante y adictivo mundo de «lo marrón».

Y siempre, siempre, salid con gente que os acompañe, aunque sean igual de novatos que vosotros. Que una moto de 268kg no se levanta fácilmente. 😉

El blanco de los ojos

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El blanco de los ojos o esclera (o Esclerótica), es una membrana que cubre casi por completo el ojo, dándole forma y protegiendo sus elementos internos. Esta membrana está compuesta por un tejido fibroso de color blanquecino que junto con la córnea forma la parte externa del ojo.

Búsqueda en Google.

El blanco de los ojos se ha usado muy a menudo como recurso literario (o fílmico) para referirse a la cercanía entre dos personajes, generalmente antagonistas.

Es la prueba de que están realmente cerca, y mirándose fijamente el uno al otro. Tan cerca están, que pueden llegar a ver incluso ese blanco de los ojos.

El blanco de los ojos de Tuco

Además, se habla de que el blanco de los ojos es un elemento único en los seres humanos y no está presente de forma general en ninguna otra especie animal, aunque se hayan encontrado ejemplares de chimpancés y gorilas con esta esclerótica blanca, igual que los seres humanos.

Así pues, tenemos dos conceptos claros que podemos extraer de esto:

  • Cercanía necesaria para poder verla.
  • Característica única de los seres humanos.

Y entonces… ¿A qué viene que comience un post hablando de la esclerótica? Pues voy a ello.

Si digo que, en mi camino al trabajo os veo el blanco de los ojos… ¿os lo creeríais?

Mi moto es alta. La BMW R1200GS Adventure es 4 cms más alta en el asiento que la versión normal, y si a eso le sumamos mi 1,78m de altura, implica que voy en una posición, además de erguida, bastante elevada.

Si sumamos esos factores obtenemos que tengo una situación perfecta para veros muy de cerca cuando, cada día, recorro los más de 30kms por trayecto que me separan del trabajo.

Tan de cerca que veo cada día muchas cosas. Continuamente hay personas desviándose en su carril y corrigiendo la trayectoria. Y cuando vas detrás de alguien así en moto, ya sabes que eso no es buena señal. Así que cuando consigues ponerte en paralelo para adelantar, de un solo vistazo puedes ver dónde está el problema…

¿Cómo vas a mantener la trayectoria recta si tus ojos están mirando hacia abajo?

¿Y porqué miras hacia abajo? ¿Qué tienes en tu mano derecha, que haga que tengas que mirar hacia abajo?

Tu móvil. Tu jodido teléfono móvil.

Cada día veo esto, amigas. Cada puñetero día.

Veo muros de Facebook, veo feeds de Instagram y chats de WhatsApp, veo emojis y textos, veo manos pulsando el botón de nota de voz, o selecciones de música.

Todo eso lo veo desde mi moto, cada día, como mínimo 4-5 veces.

No sois conscientes, está claro, de qué tenéis entre las manos. Y no me refiero al móvil. Me refiero a vuestros vehículos, circulando a 60-70 por hora como mínimo (cuando el tráfico va lento) y desviando vuestra mirada de la carretera durante larguísimos intervalos para mirar vuestros móviles.

Y en los días en los que se me ocurre miraros a los ojos, dar un toque de claxon y avisaros (pediros) que por favor dejéis el teléfono, respondéis con agresividad, hostilidad y a la defensiva, alguno incluso ha tenido la deferencia de bajar su ventanilla y dedicarme insultos la mar de creativos, o bien sencillamente mandarme a pasear.

Obviamente. A fin de cuentas así es como reacciona un niño cuando le pillan.

Y eso es lo que parecéis a veces conduciendo: niños con juguetes grandes.

Niños enfadados porque tienen que compartir el carril con el resto de niños. Niños que tienen que demostrar que sus juguetes son mejores que los demás. Niños a los que parecen darle igual las vidas de los demás, mientras ellos juegan con sus juguetes.

Y no, no es sólo el móvil: os veo rebuscar en bolsos, hacer locuras como maquillarse en marcha o incluso he llegado a ver a gente leyendo con el periódico o libro sobre el volante.

Así pues, esto lleva al segundo punto de la expresión: seres humanos.

¿Tan poco pensáis en la humanidad que jugáis con las vidas de los demás de esa manera?

¿Tan poco valoráis vuestra vida y, gracias, la de los demás?

Hacednos un favor a todos, y no desviéis el blanco de los ojos mientras conducís.