Ana, la cajera de la Galp

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Hoy he conocido a alguien.

Se llama Ana, y es cajera/dependiente en una estación de servicio Galp.

Suelo parar en estas estaciones porque, por mi banco, tengo descuento y además la facilidad de poder pagar con el móvil.

Además, hoy hacía muchísimo calor, y por la N-II pegaba un sol que me estaba castigando demasiado, y al ver el cartel al fondo he pensado en parar y refrescarme un poquito.

El caso es que hemos estado hablando un rato, mientras yo me refrescaba con una bebida «para deportistas» y me comía un helado que me ha mirado seductoramente desde las neveras.

Ana está casada, tiene al menos una hija y vive a unos 30 kms de la estación de servicio en la que trabaja.

A Ana le gusta mucho viajar en coche, y ha hecho viajes por Francia o Bélgica, aunque para ir al Reino Unido se aguantó y fue en avión.

Lo que no le gusta es ir en moto, dice que le da mucho miedo, y eso que varios primos suyos tienen y a veces le dicen de ir con ellos.

Y en eso, la verdad sea dicha, es que tiene razón.

Pero la pregunta es, ¿porqué os hablo de Ana?

¿Ha sido acaso una persona que haya marcado mi vida, dejando una impronta que jamás olvidaré?

Pues no, la verdad es que no. Ha sido sólo una persona que estaba ahí, y que ha sido agradable para compartir unos minutos.

Pero es una persona que quizás no habría podido conocer porque, como bien me ha dicho ella, las motos son peligrosas.

Habrán sido quizás 15 o 20 minutos los que habían pasado hasta que llegué a esa gasolinera donde trabaja Ana, pero el caso es que aún me duraba el temblor en las piernas y la tensión en las manos.

Porque por poco, por muy poco, he estado a punto de no conocer a Ana. Ni de volver a casa. Ni de volver a abrazar a mi peque.

Todo porque un conductor, señor muy mayor, ha decidido que estaba bien adelantar con poca visibilidad, en una curva, y con el sol de frente.

Y más aún, ha decidido que el que tenía que clavar freno y meterse al arcén era yo, porque él desde luego no ha hecho ni el más mínimo esfuerzo por moverse.

Así pues, tan sólo puedo decir… que estoy encantado de haberte conocido, Ana.

O mejor dicho, de haber tenido la oportunidad de poderte conocer.

Enganchado a lo marrón

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De vez en cuando, algunos moteros nos atrevemos a cambiar lo negro por lo marrón, y aquí os cuento mi experiencia

En el mundo de las motos hay mucha coña con respecto a los usuarios de maxitrail que se mueren de miedo, temblor de piernas incluido, al acercarse a un camino de tierra, o incluso a asfalto un poco roto y limitan su conducción a «lo negro».

La mofa es continua en este sentido, ya que tradicionalmente se han visto muchos casos de «señoros» con maxitrails, especialmente de la marca bávara, que las usan para poco más que ir a trabajar trajeados, y al cabo de tres años las devuelven a concesionario sin apenas uso (para aprovechamiento de los compradores de segunda mano).

Y ojo, que es totalmente respetable, que cada uno hace con su dinero, su moto y su tiempo lo que quiere y puede!

El padre de una ex-pareja que tuve hace años tenía una 1200GS y siempre decía que a él no le gustaban las motos, así que se había comprado esa porque «era lo más parecido a un coche que había». Tardó 6 meses en hacerle el rodaje de los primeros 1.000 kms…

Los hay que harán 15.000kms en los tres años que les dure el Select, y los hay como yo que en menos de ocho meses llevamos ya más de esa cifra.

Hay quien se comprará la moto pensando en la fiabilidad de una gran marca, o incluso en lo cerca que le quede el servicio técnico, y todas las opciones son respetables.

Pero volviendo al tema de «lo marrón», el caso es que yo hace años tuve una enduro que «salió rana». Básicamente el tío que me la vendió la había destrozado completamente, aparte de que le rehizo todo el cableado eléctrico, haciendo que la moto fuera fatal.

Todo eso hizo que le fuera cogiendo manía y la vendiera, incluso cuando al final le encontraron el fallo y la dejaron «bien», yo ya no quería nada más con esa moto.

Quizás por eso me quedó ese gusanillo de atreverme a pisar tierra, asfalto roto, gravilla o barro. Y cuando vi la oportunidad de hacer un curso de iniciación al trail con Isaac Feliu (podéis ver todas las experiencias que ofrecen en su web) no dudé en apuntarme, y además arrastrando a un par de colegas conmigo.

La conducción off-road cambia radicalmente con la de carretera. Desde el punto de apoyo de los pies en la estribera al hecho de que por campo deberías ir siempre (o casi) de pie sobre la moto, el hecho de que se aconseje desactivar ciertas ayudas electrónicas a la conducción tipo ABS y Control de Tracción que en campo entorpecen más que ayudan.

En carretera a veces puedes circular casi en moto piloto automático, dejándote llevar por las curvas, fluyendo de una a otra.

En campo, por contra, debes estar en atención (que no tensión) constante ya que tu cuerpo debe responder en cada momento a las irregularidades del terreno.

Además de para aprender (obviamente), el curso tenía un motivo extra, y es el hecho de que en un par de semanas haré con tres amigos la Transpirenaica por pistas de montaña, y quería tener esa base de conocimientos para enfrentarme a ella.

Tras el curso, que disfrutamos todos enormemente, he salido ya un par de días con la moto a pisar campo, uno de ellos recorriendo el Garraf con visita incluída al monasterio Budista (Sakya Tashi Ling) que allí se encuentra.

Y el remate fue a la vuelta de vacaciones, donde hice la ruta de los Contrabandistas con un grupo de amigos.

Eso sí ha sido una prueba dura, muy dura… y satisfactoria.

Salí de casa a las siete de la mañana y llegué pasadas las diez de la noche, con más de 540kms recorridos.

Se alternaron tramos de asfalto con subidas bastante complicadas (para mi nivel, mis conocimientos, experiencia y mi moto) o incluso el cruce de un pequeño riachuelo, que aunque pequeño fue todo un momentazo de subidón de adrenalina.

Disfrutamos de las vistas y la tranquilidad absoluta del embalse de San Ponç, y saliendo del mismo tuvimos la suerte de ver a un par de cervatillos cruzar el camino.

Llegamos a un pueblo llamado Tor (25 habitantes en 2005) que se precia de ser anterior a la propia Catalunya.

Acompañamos a un riachuelo que descendía risueño mientras nosotros subíamos montaña arriba.

Pasamos, despacio y sin hacer apenas ruido, entre vacas y caballos que pastaban a sus anchas por la montaña.

Visitamos estaciones de esquí vacías, o incluso una torre de comunicaciones a 2.400 metros de altura.

Todo ello, cosas que no podríamos haber hecho de habernos limitado al asfalto.

En definitiva, un gran día en el que disfruté y aprendí muchísimo, acompañado de una gente estupenda y paciente en todo momento (gracias Paco, Santi, Juanjo, Carles y todos los demás).

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Y por último, os dejo con las razones que la gente de Twin Trail da para visitar su escuela de Off-Road (que también son aplicables a hacer off-road en sí) de los cuales yo remarco el número 6. Podéis ver su artículo original en su web, pero aquí tenéis el resumen:

  1. PERFECCIONAR TU TÉCNICA Y HABILIDADES EN CONDUCCIÓN OFF ROAD TE VA A AYUDAR (Y MUCHO)
  2. VAS A DESCUBRIR LO GRATIFICANTE QUE ES SUPERAR OBSTÁCULOS
  3. TE VAS A PONER UN POCO MÁS «FIT»
  4. TE VAS A CONVERTIR EN MEJOR PILOTO
  5. CONDUCIR FUERA DE CARRETERA ES UNA DE LAS COSAS MÁS DIVERTIDAS QUE PUEDES HACER CON TU MOTO TRAIL
  6. A LOS DESTINOS Y PAISAJES MÁS ESPECTACULARES CASI NUNCA SE LLEGA POR CARRETERA
  7. VAS A ESTAR PREPARADO PARA ESOS VIAJES DE AVENTURA QUE TE PROPONES, SIN LOS MIEDOS QUE AHORA TE FRENAN A HACERLO
  8. VAS A SER EL MÁS «MOLÓN» DE TU GRUPO DE AMIGOS

Mi consejo: atreveros a probarlo.

Buscad dónde hacer un curso, empezad con el mismo equipo de moto que tenéis ahora mismo (cambiando botas por caña alta a ser posible, el resto ya llegará si es necesario) y empezad con salidas sencillas, aprendiendo a ir de pie en la moto, a controlar y usar los bloqueos de rueda. No hace falta que os vayáis al fin del mundo, pero seguro que cerca de casa tenéis pistas de tierra por las que empezar a conocer este apasionante y adictivo mundo de «lo marrón».

Y siempre, siempre, salid con gente que os acompañe, aunque sean igual de novatos que vosotros. Que una moto de 268kg no se levanta fácilmente. 😉

¿Puedes devolver la vida?

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¿Puedes devolver la vida?

Entonces no te apresures en dispensar la muerte, pues ni el mayor de los sabios conoce el final de todos los caminos.

Gandalf.

Evidentemente, no se puede devolver la vida. Ni yo, ni nadie podemos hacerlo. Ni siquiera con la ciencia más avanzada podemos devolver una vida que se ha apagado.

Escribo esto en la terraza de un bar mientras espero a mi peque y su madre, tomando un café (descafeinado) a sorbos muy cortos, y no puedo evitar los escalofríos.

Cierto es que en el camino hasta aquí ha bajado bastante la temperatura, y todo apunta que hoy caerá una gran tormenta.

Aún así, estos escalofríos no parecen venir provocados por ninguno de esos motivos, sino que más bien se originan en el interior de mi cabeza.

Nunca he hablado «públicamente» de esto, aunque a alguna gente sí que se lo he ido contando, tanto una cosa como la otra. Pero hace algún tiempo aprendí que la mejor forma de afrentar las cosas suele ser de frente y con valor.

Y ahora tendría que hacer una elípsis temporal, ya que el post lo empecé a escribir hace un par de semanas, y por varias circunstancias lo he dejado en el tintero digital.

No ha sido porque no quisiera escribirlo, sino porque he estado terriblemente liado estos días, de verdad. Aunque reconozco que una y otra vez he vuelto al editor dándole vueltas a cómo enfocarlo, intentando encontrar el ángulo perfecto para afrontar un tema así de complicado.

Quitar una vida

La primera historia sucede, si mal no recuerdo (y no quiero buscar papeles para recordarlo, la verdad) en 2005.

Por aquél entonces yo conducía una Honda CBF-500 negra, mi primera moto «grande», a la que bauticé como Ororo.

Me saqué el carnet en el 2003, y esperé los dos años de rigor para poder conducir una moto sin limitar, y estaba la mar de contento con ella. Sin embargo, para viajar acompañado de la que entonces era mi pareja, vimos que se quedaba un poco corta, y opté por cambiar de moto, por una CBF600S con ABS. Repito: CON ABS.

La CBF500 no tenía ABS, y ese es un elemento que quizás hubiera alterado esta historia.

Vivía en Badalona, y para llegar a mi casa tenía que pasar por un par de calles donde se aparcaban muchas furgonetas de gran tamaño delante de una iglesia Evangélica, lo que limitaba la visión en gran medida. Además, el asfalto en esa calle precisamente estaba bastante maltrecho, con grietas por doquier.

Y en esas circunstancias, con una moto sin ABS, grandes furgonetas aparcadas y mal asfalto, circulaba yo a unos 25-30kms/h cuando de detrás de una de esas furgonetas salió un anciano andando, saltándose el semáforo rojo para peatones.

Yo circulaba por el lado izquierdo, evitando lo peor del asfalto, y en cuanto le vi me aparté como pude (con la poca habilidad de un conductor relativamente novato), pero aún así le rocé. No sé si con el retrovisor, si con mi cuerpo o con la maleta trasera. De hecho no sé siquiera si le llegué a rozar, y es algo que he pensado mil veces desde entonces. Quizás sencillamente se sobresaltó al verme y cayó al suelo.

Como decía, yo esquivé como pude hacia la derecha y acabé tirado por el suelo y la moto a un par de metros de mi (realmente iba muy despacio) y cuando me estiré y me pude levantar, ya tenía gente a mi alrededor preguntando si estaba bien, mientras yo intentaba mirar hacia el señor.

Como supe más tarde, era un señor muy mayor que sufría bastante de demencia, y al que su familia le dejaba pasear por el barrio sin control. Según los vecinos de la zona, era habitual verle deambular, cruzar la calle por cualquier lado y sin mirar.

A mi me apartaron y me hicieron sentar en un portal, mientras llegaba la ambulancia y atendía al señor.

Yo sufrí un poco de contusión, esguince en pie y muñeca… prácticamente nada, pero fue sobre todo el susto, la tensión.

Pero por la noche llegó lo peor, cuando mi pareja me confesó que los técnicos sanitarios le habían informado de que el señor había fallecido al poco de comenzar a atenderle.

Al día siguiente tuve que ir a presentar declaración a la Policía, y viendo mi estado de nervios, el agente quiso tranquilizarme diciéndome que ya habían pasado varios vecinos a testificar a mi favor para dejar claro que yo había conducido adecuadamente y que el semáforo estaba en verde para mi, y lo que os comentaba de que era habitual ver a este señor pasear sin rumbo por el barrio.

Tras esto, pasaron varias semanas en las que fui recibiendo tratamiento tanto médico como psicológico, así como información acerca del estado de la posible denuncia. Denuncia que no llegó porque la familia, viendo las declaraciones de los testigos, asumió que no se me podía culpa de nada.

Vale, es momento de tomar un poco de aire (sí, me he dedicado a releerlo todo) y pensar en el siguiente bloque…

Devolver una vida

Saltamos al año 2015. Con tres compañeros del grupo de moteros de Pallejà decidimos ir a la Isla de Man en la primera semana del TT, que se corresponde con los entrenos y suele estar menos saturada de gente.

El viaje fue bien, exceptuando un par de incidentes mecánicos (falta de gasolina y una moto con problemas de aceite que nos retrasó para llegar a un ferry e hizo que yo tuviera que ir a fondo para conseguir que nos esperase) y llegamos a destino en la madrugada del tercer día tras un infernal viaje en ferry.

Creedme amigos, si los operarios del ferry hacen cara de mareados, es que la cosa está muy jodida…

La casa en la que nos alojamos estaba al final de un camino de gravilla y uno de los días al salir uno de los compañeros salió bastante ofuscado. Camino, giro a la derecha y carretera… Usando el carril derecho.

Supongo que al ver cómo lo he escrito entenderás lo que va a pasar, ¿verdad?

En la Isla de Man se conduce por la izquierda, igual que en Inglaterra.

De hecho, nada más llegar a la isla, es habitual que a todos los moteros le vayan dando pegatinas con una pequeña flecha para pegar en el retrovisor izquierdo y así tener ese recordatorio durante la estancia.

A nosotros, por la fecha en la que llegamos, no nos dieron una.

Yo iba segundo al salir del camino, y los otros dos se habían quedado un poco mas atrás. Al darme cuenta de la situación empecé a pitar y dar golpes de gas, pero como había dicho, este compañero iba bastante ofuscado y no me hizo caso.

Como veía que la situación continuaba, empecé a acelerar, con la mentonera del casco modular levantada y gritando tanto como podía, poniéndome a su lado y sin dejar de tocar el claxon y gesticular.

No sé cuanto tiempo pasó, si diez segundos o dos minutos, pero se me hicieron infernalmente largos, al ver que no hacía caso de mis gestos y seguía sin mirarme y avanzando…

¿Avanzando hacia qué?

Pues concretamente hacia una furgoneta pick-up que en mi mente recuerdo enorme, gigantesca.

Creo que no fueron más de dos segundos los que pasaron entre que se dio cuenta y cambió de carril y el momento en el que la furgoneta pasó rugiendo a su lado a la salida de una curva.

Dos segundos, quizás menos, que hubieran cambiado todo.

Que hubieran hecho que todo se acabase para él posiblemente.

Y por eso, no es exactamente que haya devuelto una vida, como dice el título, pero sí que considero que en cierta forma he equilibrado la balanza, que de alguna manera pesan en positivo todos los besos que esta persona haya dado a su mujer e hijas desde aquel día, toda la gente a la que haya acompañado desde entonces…

La verdad es que ahora es complicado buscar el cierre a este texto, después de hablar de algo así.

Supongo que me conformaré con saber que hay una familia, unos amigos, que a día de hoy pueden seguir teniendo a esa persona en su vida, lo cual basta para hacerme sonreir.

MotoVolta 2019: día de colores

MotoVolta 2019
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El pasado sábado 11 de Mayo se celebró la MotoVolta 2019, una ruta motera que va ya por su cuarta edición y este año ha contado con 700 inscritos.

En el caso de este año, se ha centrado en la provincia de Barcelona, y nos ha hecho discurrir por unos 540 kms de paisajes maravillosos, carreteras reviradas y miradores dignos de pausa. Y sí, en un sólo día hubo muchos colores. Empezando por el…

Azul

El azul viene claramente por ser el color que identifica a la MotoVolta: las camisetas, identificaciones y pegatinas, el color identificador de la organización y colaboradores.

Y si hablamos de organización, un diez once para ellos. Desde el día del briefing, que contó incluso con presencia de dos agentes de los Mossos que dieron unos cuantos consejos de seguridad en carretera, a un montón de patrocinadores y jugosos regalos para los asistentes, hasta el mismo día de la ruta, donde fueron super atentos y estuvieron en todo.

Organización que se encargó de que el proceso de acreditación fuera rápido y sencillo para todos, y que además nos proporcionó a todos los motovolteros unos muy agradecidos avituallamientos en los puntos de control (más desayuno y una genial cena en el Ace Café).

Ya desde el primer momento, cuando uno se acerca a la MotoVolta se da cuenta de que no es un evento igual a todos esos otros que se están reproduciendo como setas en el panorama cada vez más creciente de estas «rides» (pun intended).

Las hay de todo tipo, tanto de navegación gps como con roadbook, lo cual es una cuenta pendiente de probar para mi… Las hay cien por cien asfálticas, las hay con opciones para off-road y también las que lo dejan a elección del usuario. Las hay que regalan camiseta, las obligadas pegatinas o bragas para el cuello.

Pero de todas ellas, al menos de las que yo conozco (y si me equivoco, hacérmelo saber en los comentarios!), ninguna destina los beneficios íntegros a causas benéficas como la MotoVolta:

  • Primera y segunda edición: AFAB, asociación dedicada a apoyar a las familias con enfermos de Alzheimer.
    https://www.afab-bcn.org
  • Tercera edición: AFANOC, con su proyecto La Casa dels Xuklis para niños con cáncer.
    https://www.afanoc.org/es/
  • Y esta cuarta edición: PILOTOS CAPACITADOS, una organización pensada para ayudar a moteros con discapacidad tanto a adaptar sus motos, homologarlas o volver a correr en circuito.
    http://www.pilotoscapacitados.es/

Y aquí tenemos el segundo color, el…

AMARILLO

El amarillo es el color de Pilotos Capacitados, la asociación que este año ha recibido la colaboración del evento y la donación que se ha conseguido gracias al precio de la inscripción y las aportaciones de colaboradores.

Y ojo, que no ha sido poca cosa

Donación a #pilotoscapacitados

Como ellos mismos explican en su página web, #PilotosCapacitados es una organización pública, impulsada por aficionados al motociclismo, para quienes su discapacidad no supone un obstáculo para seguir disfrutando del mundo de la moto, tanto de carretera como de campo y circuito.

Y ya con estos dos colores, pasamos al tercero, al…

VERDE

Verde de los paisajes que pudimos disfrutar durante toda la ruta.

Como ejemplo, algunas fotos, incluyendo la ruta completa que realizamos, y payasadas varias.

Si queréis consultar la ruta completa, la tenéis aquí: https://m.calimoto.com/t/zPlCgslcfZ

Y os aseguro que no tiene desperdicio. Muchas de esas carreteras ya las habíamos recorrido mil veces en paseos de fin de semana, pero

Pero hay más colores aún, y es que cuando llegó la noche tocó el…

NEGRO

Negro como el color del logo del Ace Café, lugar que no empezó con opiniones muy positivas en la Ciudad Condal, pero que poco a poco se está convirtiendo por motivos propios en un lugar de referencia para los amantes del motor, además de estar sirviendo como punto focal para multitud de eventos.

Y en el Ace es donde terminó (y desde donde empezaba) la ruta y pudimos disfrutar de una merecida y muy agradecida hamburguesa con patatas.

Y falta un último color, el…

ROSA

¿Porqué rosa?

Pues porque es el color que tradicionalmente se asocia a la lucha contra el cáncer, y es que además del componente intrínsecamente solidario de la MotoVolta, los DeMorros Bikerzzz decidimos añadir una donación extra.

La asociación Rodando contra el Cáncer tiene varias formas de colaborar con ellos, y una es la de hacer «kilómetros solidarios», así que cuando un sale de ruta, o hace un viaje, hace una donación de 1km=1ct.

Una de las cosas que más me gusta de lo que yo entiendo por ser motero, es que lo asocio a ser un colectivo solidario. Ya por el simple hecho de saber que si te sucede algo en carretera son los que te van a apoyar, pero no sólo por eso… Y es que yo tenía claro que iba a hacer la donación, pero cuando lo propuse en el grupo de Demorros Bikerzzz la respuesta fue unánime: SÍ!

Así pues, hemos hecho una donación conjunta de todos nuestros kilómetros redondeando (de aquella manera… ) hacia arriba, donación que además en breve será igualada por mi empresa, que se comprometió a hacerlo.

Nuestra pequeña aportación

Así pues, el sábado 11 de Mayo fue un día de muchos colores, la verdad, y me apetecía compartirlo con vosotros.

Lo único malo… es que falta un año hasta la siguiente edición!!!!!

Toca editar este post, porque la gente de MotoVolta ya han publicado las fotos tanto del «photocall» de la salida como de los distintos puntos intermedios, así que aquí os dejo unas cuantas!!!

El blanco de los ojos

Tiempo de lectura: 3 minutos


El blanco de los ojos o esclera (o Esclerótica), es una membrana que cubre casi por completo el ojo, dándole forma y protegiendo sus elementos internos. Esta membrana está compuesta por un tejido fibroso de color blanquecino que junto con la córnea forma la parte externa del ojo.

Búsqueda en Google.

El blanco de los ojos se ha usado muy a menudo como recurso literario (o fílmico) para referirse a la cercanía entre dos personajes, generalmente antagonistas.

Es la prueba de que están realmente cerca, y mirándose fijamente el uno al otro. Tan cerca están, que pueden llegar a ver incluso ese blanco de los ojos.

El blanco de los ojos de Tuco

Además, se habla de que el blanco de los ojos es un elemento único en los seres humanos y no está presente de forma general en ninguna otra especie animal, aunque se hayan encontrado ejemplares de chimpancés y gorilas con esta esclerótica blanca, igual que los seres humanos.

Así pues, tenemos dos conceptos claros que podemos extraer de esto:

  • Cercanía necesaria para poder verla.
  • Característica única de los seres humanos.

Y entonces… ¿A qué viene que comience un post hablando de la esclerótica? Pues voy a ello.

Si digo que, en mi camino al trabajo os veo el blanco de los ojos… ¿os lo creeríais?

Mi moto es alta. La BMW R1200GS Adventure es 4 cms más alta en el asiento que la versión normal, y si a eso le sumamos mi 1,78m de altura, implica que voy en una posición, además de erguida, bastante elevada.

Si sumamos esos factores obtenemos que tengo una situación perfecta para veros muy de cerca cuando, cada día, recorro los más de 30kms por trayecto que me separan del trabajo.

Tan de cerca que veo cada día muchas cosas. Continuamente hay personas desviándose en su carril y corrigiendo la trayectoria. Y cuando vas detrás de alguien así en moto, ya sabes que eso no es buena señal. Así que cuando consigues ponerte en paralelo para adelantar, de un solo vistazo puedes ver dónde está el problema…

¿Cómo vas a mantener la trayectoria recta si tus ojos están mirando hacia abajo?

¿Y porqué miras hacia abajo? ¿Qué tienes en tu mano derecha, que haga que tengas que mirar hacia abajo?

Tu móvil. Tu jodido teléfono móvil.

Cada día veo esto, amigas. Cada puñetero día.

Veo muros de Facebook, veo feeds de Instagram y chats de WhatsApp, veo emojis y textos, veo manos pulsando el botón de nota de voz, o selecciones de música.

Todo eso lo veo desde mi moto, cada día, como mínimo 4-5 veces.

No sois conscientes, está claro, de qué tenéis entre las manos. Y no me refiero al móvil. Me refiero a vuestros vehículos, circulando a 60-70 por hora como mínimo (cuando el tráfico va lento) y desviando vuestra mirada de la carretera durante larguísimos intervalos para mirar vuestros móviles.

Y en los días en los que se me ocurre miraros a los ojos, dar un toque de claxon y avisaros (pediros) que por favor dejéis el teléfono, respondéis con agresividad, hostilidad y a la defensiva, alguno incluso ha tenido la deferencia de bajar su ventanilla y dedicarme insultos la mar de creativos, o bien sencillamente mandarme a pasear.

Obviamente. A fin de cuentas así es como reacciona un niño cuando le pillan.

Y eso es lo que parecéis a veces conduciendo: niños con juguetes grandes.

Niños enfadados porque tienen que compartir el carril con el resto de niños. Niños que tienen que demostrar que sus juguetes son mejores que los demás. Niños a los que parecen darle igual las vidas de los demás, mientras ellos juegan con sus juguetes.

Y no, no es sólo el móvil: os veo rebuscar en bolsos, hacer locuras como maquillarse en marcha o incluso he llegado a ver a gente leyendo con el periódico o libro sobre el volante.

Así pues, esto lleva al segundo punto de la expresión: seres humanos.

¿Tan poco pensáis en la humanidad que jugáis con las vidas de los demás de esa manera?

¿Tan poco valoráis vuestra vida y, gracias, la de los demás?

Hacednos un favor a todos, y no desviéis el blanco de los ojos mientras conducís.

«Espíritu motero» – La encuesta

Pero todos.
Tiempo de lectura: 4 minutos

En el anterior post os hablé de mi viaje de fin de semana que me llevó a Huesca, Francia y Navarra, y al finalizar os hablé de qué es para mí el espíritu motero y os pedí que contestarais a esta medio encuesta:

Para vosotros, ¿qué es el espíritu motero? ¿Qué gestos o actitudes hay dentro de él?

Pues me dediqué a perseguiros con esta pequeña encuesta, y he aquí vuestras respuestas!!

Entiendo como espíritu motero: libertad, ganas de viajar y camaradería.

J. Isaac


Supongo que «camaradería» sería una respuesta típica. Sin embargo, creo que claramente hay un componente de aventura que lo motiva todo.

J. Harmon

Yo que sé xDDDD no me he parado a pensarlo… simplemente querer ayudar a los demás si es necesario y disfrutar del trayecto libremente.

R.


Vivir y sentir el mundo de la moto de cualquier forma, no sólo es motero aquel que tiene moto.

JuanCarlos34

Viajar por disfrutar, no por necesidad. Viajar sin prisas, sin reloj, sin horarios, con calma pero sin pausa. Parando cuando quieras, disfrutando de la carretera, el entorno y los amigos

Fran «Agnus»

Libertad de soñar despierto

Pedro Sidecar

Libertad, volar a ras de suelo. Compañerismo. Viajar sin rumbo fijo, el destino es el viaje…

Sandra «patas largas»


Espíritu motero? Formar parte de un grupo de compañer@s que la mayoría no conoces pero sabes que si lo necesitas ahí estarán. El no juzgar ni ser juzgado, solamente eres un@ compañer@, un/una herman@ de ruta en un camino tan largo como tú quieras llegar y la desconexión que eso conlleva.
El respeto, compañerismo, amistad y buen rollo en general

Gabi, de Moter@s Novatos

Libertad, sentir el viento y adrenalina!!!
Mi frase favorita antes de iniciar una ruta es…. La aventura es la aventura!!!

Twister

Algo especial que une a algunas personas…
Es quedar con alguien que vive lejos y te abre su casa y te trata como familia.
Es llamar a alguien y quedar para ir de excursión al día siguiente.
Es hablar con alguien que ves poco de cosas que no hablas con nadie más.
Es compartir una ilusión.
Es pasar un rato agradable, a veces emocionante.
Es explorar sitios con personas que apenas conoces y dar lo mejor.
Es ofrecer sin esperar nada a cambio.
Es esperar a la gente que te importa.

Dave Koper (Girona)

Quedar para comer, pero lejos!

DenisGT

Compartir ruta con un desconocido y al terminar saber que tienes un amigo de por vida.

Pegrillo

Saber que si tienes un problema con la moto se pararan otras motos, no como con el coche, y saber que tú también te pararías, por lo que en gran parte el espíritu motero no deja de ser solidaridad.

Cuando haces una ruta en moto sabes que tienes un riesgo y aunque puedas ir rápido, vas sin prisas.

XPayà

Tener pasión para la 2 ruedas, desear salir con ella y disfrutar encima de ella, también sentirse parte de una grande familia independientemente de la ciudad o país de procedencia.

La Bambina


Y lo del espíritu motero no sé qué decirle, que empece a trabajar de mensajero en Barcelona a los 18 años con un vespino? Que he visto, leído, hablado y conocido a un montón de moteros y que no sabría definirle lo del espíritu. 

Espinete

Siempre hay alguien que le da un enfoque distinto a la encuesta y responde así a la pregunta….

…🙄…un motero muerto que se me manifiesta en sueños diciendome con voz tenebrosa “cuidado con pisar la pintuuuuuuuraaaaaaah”💀👻🤣🤣

Tomás

Y los hay que responden via nota de voz de WhatsApp y me cuentan esto:

Te lo voy a responder muy breve:Para mi el espíritu motero es ser una buena persona cuando vas encima de una moto. Ni más ni menos: ser una buena persona cuando vas encima de una moto, cualquiera que esta sea. Ya sea un scooter, ya sea una custom, vayas por carretera, por ciudad.

Si tú te comportas bien encima de una moto, si eres respetuoso con los que te rodean encima de una moto, eres una persona digna, que aporta cosas buenas al mundo.

Igual estoy un poco desencantado pero en todos estos años que he ido en moto por supuesto cuando te cruzas con alguien haces el saludo motero y presupones que tiene que ser un buen tío, que tiene los mismos valores que tú y le mueve el mismo espíritu de sacrificio de ir en moto pero a veces eso no es cierto.

A veces hablas o te encuentras con según qué personaje que son unos sinvergüenzas que van encima de una moto.

Así que es un poco peligroso, en mi opinión, el hecho de generalizar que por el ir encima de una moto te vas a encontrar a un tío cojonudo, porque a veces te llevas grandes chascos.

Entonces por eso igual yo voy un poco desencantado en ese aspecto y lo que hago es medir a la gente por cómo se comporta con los demás y, si no lo conozco, por cómo se comporta cuando está en circunstancias de movimiento, de tráfico. Y si es una persona que se sabe comportar para mi es digna de ser respetada.

Y eso tan sencillo es para mi el espíritu motero.

Manel Kaizen

A Manel le podéis leer en su blog Hoy Salgo en Moto, y además os recomiendo encarecidamente su libro Historias Mínimas.


Para mi es dar todo a un desconocido y aprovechar la sabiduría que me brinda. El que hace km con una moto conoce gente y lugares, pero además cuando y como quiere.

Tribalcoolrain

Es inclusion, respeto, libertad, amistad, igualdad

Ferrán

Y nos añade esta perla en Facebook:

Pues como veis, muchas respuestas y opiniones diferentes.

Cada moto es un mundo. Y cada motero una isla.

Pero lo que tengo seguro es que si algún día os encontráis conmigo o con cualquiera de los que han dado su opinión para este post, estaremos ahí para compartir un rato de ruta, un café en esa gasolinera en la que coincidimos, o para brindar nuestra ayuda si la necesitáis en la carretera.

Porque, corramos más o menos, llevemos una BMW como yo, una Honda como Pataslargas, una Yamaha como Manel o un sidecar como Pedro… somos moteros.

Y en la carretera, somos hermanos.

Vss para todos!

Pre-cumpleaños, paseo por Francia y el espíritu motero.

Tiempo de lectura: 5 minutos

We speak the same language.

Jean Paul, french drunk biker.

El planteamiento del fin de semana era claro: salir yo solo a despejarme, a romper barreras personales y salir de mi zona de confort. Y también, porqué no, pre-celebrar los 42 años que he cumplido.

Y vaya si lo he hecho, joder.

Para empezar, el atreverme a salir yo solo con la moto por ahí, cosa que sólo había hecho una vez con anterioridad (y fue un viaje muy básico por autovía).

A eso le añadimos el empezar a probar el tema del camping, cosa que nunca había hecho anteriormente por mi cuenta. Sólo en dos ocasiones antes había dormido en tienda de campaña de adulto, y de pequeño con mis padres eso del camping no era una opción. Y bueno, ya he aprendido que… que tengo mucho que aprender! Pero poco a poco, cuento con gente que sé que me puede enseñar muchísimo, y estaré encantado de aprender.

Y encima decidí que, tomando mi amado camping de Anzánigo como base, me daría ni más ni menos que un paseo por Francia, atravesando los Pirineos y luego realizando lo que llaman «la ruta de los cols», una sucesión increíble de puertos de montaña, hasta volver a entrar en España para llegar a comer a Pamplona.

La ruta por Francia fue algo tal que así:

Saliendo desde el camping la carretera tiene dos sentidos muy diferenciados:

A la izquierda, dirección Ayerbe, el asfalto es perfecto, limpio e ideal para «fluir» de una curva a la siguiente.

A la derecha, dirección Jaca, es todo lo contrario. El presupuesto se debió agotar y nos queda una carretera bacheada, sin marcas de carriles, con restos de gravilla y suciedad.

Y ese es el camino que yo tomé.

Primero disfrutando del Puerto de Oroel antes de cruzar Jaca y Castiello de Jaca, siguiendo la carretera hasta Canfranc, donde se puede disfrutar de la preciosa estación de tren.

Canfranc Estación

Y tras eso ya llegamos a Candanchú, conocido por todos por la estación de esquí, pero que además tiene unas carreteras increíbles llegando al puerto de Somport donde atravesamos una inexistente aduana que nos hace entrar a Francia.

La carretera discurre apaciblemente junto a un río, pasando por poblaciones como Cette-Eygun o Estanguet.

Más adelante llegamos al Col de Boésou, al Col de Labays, Soudet y Suscousse.

Comienzan más adelante a verse nombres de pueblos en Euskera, como Larrau, y más adelante llegar a Col Heguidhouria, Burdincurutcheta, Haltzako Lepoa…

Seguimos camino y pasamos por los restos de la Fábrica de Armas de Eugui, ya cada vez más cerca de Pamplona, donde por fin pararé a comer (y vaya comida!).

Tras comer y descansar un rato, tocaba volver al camping para la reunión de Sidecars 2019 y poder por fin conocer a gente como Pedro Sidecar.

Y el domingo ya la vuelta para casa, a ritmo tranquilo y tomándomelo con mucha calma.

Y el motivo… El porqué decidí este tipo de viaje era claro: necesitaba aire, necesitaba estar solo y respirar hondo sin presiones de ningún tipo. Tras los últimos meses me apetecía necesitaba disponer de ese tiempo para mi, de afrontar ese pequeño reto.

1111,7 Kms…

Y seguramente muchos de los que me leáis (es decir, 3 de los 4 que seréis) os sorprendáis al considerar un viaje tan insignificante como un reto, teniendo en cuenta lo mucho que salgo en moto y esas cosas… Y sin embargo lo es.

Y es que yo soy un motero tardío.

Nunca tuve una moto de pequeño, ni mi padre me enseñó a montar, ni tampoco cosas de mecánica. De hecho, nunca tuve la típica bicicleta de cross con la que la mayoría de moteros han empezado, sino que aguantaba con una de paseo heredada de mi hermana mayor.

Me saqué el carnet a los 26 años, y no tuve moto durante los dos primeros de carnet (a excepción de una pequeña Scoopy 50), así que empecé con las motos grandes a la ya generosa edad de 28 añazos.

Debido a esto, no tengo la experiencia que muchos otros han vivido desde pequeños, ni me he caído como ellos ni he aprendido con motos de campo por el pueblo, ni a trucar las motos para ganarles un par de caballos de potencia, ni los tubos para hacer que sonaran a moto grande, ni ninguna de esas cosas que todos aquellos super moteros de pro parecen haber hecho.

Sin embargo, hay algo que sí que creo haber aprendido bien, y es acerca del punto final que he puesto en el título.

Por supuesto, estamos hablando de un espíritu, así que la interpretación es variable según cada uno.

Pero os voy a contar algunas cosas que están incluidas dentro de lo que yo entiendo por «espíritu motero«:

  • Es saber que donde vayas serás bien recibido por otros moteros, sean de donde sean.
  • Es que unos amigos te presenten a sus amigos, y ellos te acompañen al día siguiente y te inviten a una barbacoa.
  • Es parar en una gasolinera y poder charlar un rato, mientras estiras las piernas, con esos ducatistas que hay en la mesa de al lado.
  • Es compartir una cena entre catalanes, un francés y un madrileño, haciendo esfuerzos para entendernos y bajando Google Translate para ayudarnos con las palabras difíciles.
  • Es invitar a tu mesa a un desconocido que está solo, y hacer que se sienta bienvenido entre los tuyos.
  • Es encontrar carreteras increíbles a base de perderte.
  • Es descubrir paisajes que te quiten el aliento.
  • Es pararte en la carretera si ves una moto detenida, para saber si está bien, si necesita algo, o si sencillamente está perdido y buscando indicaciones.
  • Es saludar al motero con quién te cruzas, diciéndole con ese gesto que si te necesita ahí estarás.
  • Es llevarte para casa un vaso de plástico del Hellfest, regalado por ese motero francés que saca de quién sabe donde una botella de licor con sabor a menta (y sorprendentemente bueno) y la comparte contigo.
  • Es dormir en la gloria gracias a la familia de 3 en sidecar y al calefactor prestado.
  • Es llenar la agenda del móvil de contactos de esa gente que te vas encontrando, con un «Nombre ANZANIGO», o «Nombre GRUPOMOTERO», sabiendo que el día menos pensado te los podrás volver a encontrar.

Y para vosotros, ¿qué es el espíritu motero? ¿Qué gestos o actitudes hay dentro de ese espíritu motero?

¿Qué situaciones habéis vivido que os hagan decir ESTO ES?

Os pido que me contestéis a estas preguntas, ya sea en los comentarios, en redes sociales o bien en un mail a dan@dancastle.es.

Espero vuestras respuestas!

A new hope: Jabalistreffen 2019

Tiempo de lectura: 5 minutos

Pues sí, es una frase tan buena como cualquier otra para comenzar un nuevo blog, no?

Motorcycles have put me in touch with wonderful people.
As a result of that I have an elevated idea about how good everybody in the world is. — From «Why We Ride», 2013.

Es curioso mezclar algo tan diferente como Star Wars y las motos, pero supongo que así soy yo. Por no decir raro.

Mi moto tiene un nombre sacado de Star Wars, y en cierta forma sí que es una «new hope» para mi, una suerte de nuevo comienzo tras una desagradable tormenta que llegó en medio de un tranquilo día soleado y que arrastró consigo casi todo lo que creía acerca de mi vida.

Pero ahí está Mara Jade, mi nueva montura, con la que he tenido un estreno de lujo pudiendo ir a mi lugar favorito del mundo mundial, el Camping Motero de Anzánigo, a celebrar la Jabalistreffen 2019.

Y además, lo he hecho con la maravillosa compañía de mi querida bambina, amiga que se ha preocupado y me ha cuidado muchísimo todos estos meses que he estado mal, y cuya compañía ha sido toda una bendición.

Y como siempre en Anzánigo, conociendo y reencontrando a gente genial.

Uno de los detalles que más especial hace este sitio para mi es el hecho de poder encontrar siempre alguien con quien charlar, intercambiar anéctodas o rutas interesantes, o simplemente bromear tomando una cerveza o Ruavieja en el porche del Red Wagon.

Ya estoy en casa

Es esa sensación la que hace de éste un lugar único: la de saber que siempre eres bienvenido, que serás recibido con una sonrisa y que podrás descansar sabiendo que tanto tú como tu montura estáis por fin «en casa».

 

Pero estoy adelantando acontecimientos.

Primero salí de Barcelona tras hacer la revisión pertinente a Mara, y quedé con la bambina cerca de Jorba. Como ella se retrasó, yo pude disfrutar de ese excelso placer que es el «no tener prisa».

Bebí un refresco, escuché música, leí comics en el tablet… todo ello sin pensar en un sólo instante lo tarde que era o maldecir por tener que esperar.

Una vez llegó la bambina seguimos camino hasta Barbastro, donde paramos a comer tranquilamente. Y ahí entró la decisión… ¿vamos hasta Anzánigo por autovía o dejamos que nos guíe Calimoto?

Y nos guió Calimoto… ¿El resultado?

Pues ya lo veis, una locura de curvas de todo tipo cuando podríamos haber seguido esa línea roja que se ve para llegar por autovía mucho más rápido.

El único cambio que hice a la ruta que proponía fue evitar una carretera de tierra, y a partir de ahí dejé que recalculara.

Gravilla, algún boquete en la carretera, suciedad arrastrada por los tractores… pero aún así una gozada de caminos para disfrutar, una vez más, sin prisa alguna por llegar al destino. La imagen que encabeza este documento fue tomada precísamente en un momento de pausa, para quitarnos algo de ropa térmica porque la temperatura era de 23 grados (sí, en pleno febrero, de locos) y se hacía inaguantable.

Por si a alguno os pica la curiosidad de ver en más detalle, tenéis la ruta completa aquí.

Una vez llegamos al camping, tocaba descargar y relajar. Y esa cerveza que me dio la bienvenida fue suficiente para olvidar todo el polvo del camino, junto con algo de peso emocional que llevaba a mis espaldas.

¿Sabéis esa sensación de llegar a casa y quitarte la mochila? Que notas que tus hombros se relajan, que la tensión en la espalda se va diluyendo poco a poco pero de forma visible… Pues algo así me sucedió al finalmente sentarme en el porche del Red Wagon con mi cerveza Erdinger (la de la foto fue la segunda, ahora que lo pienso).

Todas las tensiones y comidas de cabeza que había ido apartando a un rincón de mi mente durante las últimas semanas/meses, se fueron diluyendo con cada sorbo de cerveza, con cada frase intercambiada con la gente que allí había…

Y hablando de gente, Anzánigo no defrauda.

Gracias Gorka, Enric y Oscar. A Gorka por el reencuentro, y a Enric y Oscar por habernos podido conocer (y hacer planes!).

El sábado comenzó con calma, sin ruidos ni algarabías, pero con energías y ganas de salir en moto (menos alguno que andaba aún durmiendo), así que después de desayunar, nos marchamos para dar una vuelta…. una vuelta que nos llevó haciendo curvas hasta Pamplona!

Y encima llegamos con celebraciones varias por las calles y un día estupendo de temperatura.

Y claro, el calor pedía a gritos un refrigerio adecuado, con lo cual pasamos del turismo al comercio y bebercio.

Pintxos, pintxos, pintxos… Poco comentario hay que hacer de una ciudad como Pamplona en lo que respecta a la comida, y eso que tal como estaban los bares estuvimos un poco limitados para poder elegir sitio (aparte de que hay que reconocer que es bastante molesto el ir cargando chaqueta, casco y demás a todas partes).

Tocaba volver y prepararse para la noche, cena y fiesta de Jabalistreffen, a probar por fin ese estofado de jabalí y disfrutar tomando unas copas con la tranquilidad de que la moto está aparcada.

Y sí, cayeron unas cuantas copas, mucho baile y muchas risas. Ah, y felicidades Gorka por el premio que te llevaste, tío!!

Hice algo más ese sábado noche, junto a la hoguera, pero de eso quizás hable en otra ocasión.

El domingo sí que hubo más ruido, o quizás era la resaca en mi cabeza que magnificaba todo, pero el caso es que nos costó levantarnos y ponernos en marcha.

La vuelta fue más aburrida, como suele serlo cuando uno deja atrás un fin de semana así, pero aún así el rodar acompañado hace que todo camino sea disfrutado.

Tres días, casi mil kilómetros, muchas risas y grandes momentos.

¿Contando todo lo que os he contado, entendéis que me pueda referir a este fin de semana como «a new hope»?